¿Qué pasa cuando esa conexión se daña? Los músculos dejan de recibir las señales necesarias para funcionar correctamente. Por eso, puede manifestarse con debilidad, rigidez, calambres, fasciculaciones o pérdida de masa muscular.
No afecta solo el movimiento.
La ELA puede impactar en funciones cotidianas como caminar, hablar, masticar, tragar o respirar.
Una enfermedad que requiere acompañamiento en cada etapa.
A medida que avanza, las necesidades cambian. Por eso, el abordaje debe ser personalizado, integral y multidisciplinario.
Aunque no tiene cura, tratarla hace la diferencia.
Un tratamiento adecuado y el acompañamiento familiar pueden mejorar significativamente la calidad de vida y prolongar la sobrevida.
Hablar de ELA también es acompañar.
Informar, comprender y construir redes de apoyo ayuda a visibilizar la enfermedad y acompañar mejor a quienes la transitan.
Fuente: FLENI